El loco

23 noviembre 23UTC 2008 en 2:29 | Publicado en Crítica, Delirios | 6 comentarios
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loco

El loco es representado en el Tarot como una persona joven. Así como tras la infancia una persona madura y se prepara para valerse por sí misma, el individuo se enfrenta con las proyecciones, los abusos y las exigencias que hereda de su familia. El único modo de superarlas, de resolverlas y romper el estancamiento en la repetición cíclica de los traumas que esta herencia impone, consiste en deshacer la identidad adquirida, la identidad condicionada, para engendrar una nueva y virgen. La inocencia, la voluptuosidad despreocupada que implica arrojar de sí las querencias adquiridas sin proponer nada más que una simple vacuidad son ambos rasgos esenciales de la adolescencia, de quien es físicamente maduro pero carece de madurez intelectual y de experiencia para incorporarse a la vida adulta. La presión del otro y el deseo de experimentar los privilegios de la vida adulta arrastran al individuo a asumir una identidad lastrada pues el loco, la locura necesaria para la salud, corresponden al adolescente que no sirve sino como escalón en que asentar los pies de otro -de adultos que aprovechan la inocencia para alzarse un poco más-, o como modelo de juventud en el que inspirarse para moldear identidades anacrónicas en su temporalidad humana.

Herman Melville decía que en la mente del loco se encuentra la respuesta a los secretos de su comunidad. Probablemente, cualquier aficionado a la literatura corrobore esta intuición.

En “La Ley de la Calle”, de Susan E. Hinton, el personaje central de la novela (que no el protagonista) es un loco, conocido como “El Chico de la Moto” (no se revela su verdadero nombre). El Chico de la Moto no sólo es respetado sino que es además idolatrado, y de hecho no es realmente un loco, sino una especie de mártir, un visionario, que tiene percepciones distintas a las de los demás y por ello no puede alcanzar una motorcycleboycomunicación plena en su comunidad. El Chico de la Moto se caracteriza además por la prominencia de valores sociales masculinos: es físicamente fuerte, es intrépido, es habilidoso, es valiente, es independiente y a veces es hasta arrogante. Por este motivo su locura lo lleva a ser admirado y seguido, como el flautista de Hamelin, por los chicos de su barrio, y amado por las mujeres. La muerte de este personaje es enormemente significativa. Hay en la tienda de animales de su barrio unos peces que, debido a su naturaleza violenta, es conveniente que permanezcan separados individualmente en peceras distintas. El Chico de la Moto toma esas peceras y lanza los animales al río, para que compartan las mismas aguas. Durante este acto poético de liberación, un policía del barrio que odia al Chico de la Moto le pide que se detenga. Pero, como él está un poco sordo, hace caso omiso, cosa que aprovecha el policía para dispararle y acabar con su vida. La agresividad de los peces no es sino la energía, no destructora, sino creadora, masculina, que puede dar lugar a la violencia como exigencia territorial pero asimismo puede engendrar muchas otras formas productivas de competitividad y también de cooperación. La capacidad visionaria del Chico de la Moto, su afición a la lectura, su atención a los pequeños detalles, no es sino la fuerza femenina que, integrada en él, lo convierte en un inadaptado, un incomprendido que pese a todo es reverenciado por sus vecinos, pero es odiado por la fuerza del orden. El policía constituye la represión de un patriarcado rancio que no tolera la sediciosa fama del loco ni sus visiones revolucionarias, su sed de libertad, y de este modo las posibilidades de fecundación que aporta esta fusión en su persona de los polos femenino y masculino en un espíritu libre quedan sesgadas por la actuación de las instancias de orden social. tav021c1

En la novela de Susan E. Hinton se dice: “hasta las sociedades más primitivas sienten un respeto innato por los locos”. Fijémonos si no en cómo en la segunda parte del Quijote, la difusión en el mundo ficticio de la primera parte, y el conocimiento que hay en el escenario de la locura de Don Quijote, desembocan en la mayoría de situaciones en un sentido de respeto y admiración profunda, que son los que sostienen el peso de la trama en esta historia. Los personajes se esfuerzan en construir para Don Quijote un marco en que él pueda dar rienda suelta a su locura, y en lugar de corregirla o censurarla, la recrean y alimentan con ansia de ver hasta dónde puede llegar, de contemplar la locura y la psicosis en todo su esplendor. Lo que los personajes esperan encontrar en ella es, tal vez, a sí mismos, la profundidad de sus emociones, todo lo que ellos son pero no pueden ser constreñidos por los corsés de sus protocolos interpersonales. Sin embargo la locura de Don Quijote tampoco es realmente una locura. Alonso Quijano se recobra de su desorientación un buen día al despertar tras seis horas de sueño, y de pronto se halla iluminado de todo cuanto hizo. No se trata de un loco patológico sino de un personaje de ficción que encarna síntomas delirantes a fin de evidenciar la flagrante disociación entre los moldes literarios del siglo XVI y la realidad. Y así explica Alonso Quijano su locura, que no fue sino la asunción de unos patrones de comportamiento y una visión de la realidad sumamente alejadas de la vida material.

Viendo estos ejemplos literarios cabe decir que “el loco”, en tanto que metáfora, debe cuidarse enormemente por mantenerse separado del loco clínico. No quiere decir esto que el loco clínico no guarde en las raíces de su patología muchos de los males que el loco metafórico denuncia con su existencia ficcional y ejemplar, pero el loco clínico no es reverenciado ni espoleado en su locura, ni tampoco guarda en su mente llave alguna para entender nuestra sociedad (ninguna que no tengan tampoco los cuerdos, cuanto menos), si bien resulta fascinante comprobar el respeto innato que despierta.

El loco representa el estado de anarquía que sigue al derrocamiento de un tirano, y no sólo esta anarquía, sino también la fuerza romántica que empuja hacia el mismo derrocamiento.

Resulta curioso que una de las interpretaciones propuestas para la carta del loco en el Tarot de Marsella sea: “indecisión, falta de planes, indeterminación. Rechazo de las responsabilidades, insensatez. Insatisfacción, necesidad de movimiento.” En Wikipedia leemos algo un tanto más neutro: “el Loco es carencia de sentido común. Potencial fuerza de voluntad y destreza. El espíritu en busca de experiencia. Audacia, extravagancia. Negligencia, poca reflexión. Desorientación, inmadurez, desequilibrio. Ligereza. Indiscreción y superficialidad.” Vemos que se añaden algunos factores positivos respecto de la anterior lectura. El Tarot Osho tiene su particular loco en su baraja: “Esta carta indica que si confías en tu intuición ahora mismo, en tu sentimiento de estar en lo cierto de las cosas, no puedes equivocarte. Tus acciones quizás parezcan “locas” para otros o incluso a ti mismo, si intentas analizarlas con tu mente racional. Pero el “cero”, sitio que ocupa el Loco, es el número sin números, en donde confianza e inocencia son las guías, no el escepticismo y las experiencias del pasado.”

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Otro caso de locura literaria sumamente interesante lo proporciona “Alguien voló sobre el nido del cuco”. De nuevo, el loco no es realmente un loco, sino simplemente un inadaptado. El protagonista es parecido al Chico de la Moto, pero sin el poder visionario, sin la sutileza femenina; es la potencia masculina eludiendo las coerciones del poder social. Sin embargo el caso presenta algunas variaciones interesantes. El internado podría pensarse como un matriarcado, gobernado por la rigidez de la enfermera. Sin embargo la enfermera es sólo el brazo visible de la institución, de fuerzas superiores invisibles en la obra, que son quienes inventan y ejecutan tal cosa como la lobotomía. A estos elementos ha de añadirse la presencia de los otros locos, los cuales son, por lo que parece, verdaderos locos. Sin entrar en el pantanoso terreno que separa la cordura de la locura, se observa que algunos de los internos son, más que locos en sí mismos, identidades clausuradas de manera tan brutal que desembocan en síntomas comparables a la locura clínica debida a alguien_volo_sobre_el_nido_del_cuco01lesiones y desequilibrios neuronales. La presencia del loco metafórico, el espíritu anárquico, la fuerza inocente, el impulso vital ciego, resucita la identidad clausurada y consigue la curación, en el caso del grandullón indio, y evidencia la monstruosidad irracional represiva en el caso del tartamudo. El control sobre el tartamudo corre a manos del matriarcado ficticio, que instiga en las raíces de su desequilibrio para evitar la resolución de un individuo sano y, en consecuencia, beligerante frente a las tiránicas instituciones de poder. A cambio de su vigilancia, la enfermera obtiene el favor y el privilegio de ese poder, invisible en la historia, que proporciona a esta mujer su parcela de dominio. Sin embargo la enfermera no es en sí misma dueña de nada. Tampoco puede observarse a nadie que sea dueño de nada, sino sólo unos mecanismos de represión y de perpetuación de un orden asimétrico.

Recordemos que el loco no tiene número, no tiene posición, es libre, vaga donde se le antoja y encasillarlo supondría destruir su naturaleza. Esto es lo que sucede con la metáfora del loco. Los mismos patrones que se dan a los tarotistas en la actualidad, que en su origen debieron ser transmisores de los secretos intuidos en un orden represivo, han terminado absorbiendo el carácter represivo de las instituciones sobre la carta neutra de la baraja. El símbolo del loco ha sido asimilado en el lenguaje coloquial como una broma, como una bufonería, como una escenificación extrema de nuestro orden consumista. Si la locura de Don Quijote evidenciaba la incompatibilidad de unos modos narrativos en un momento histórico, la locura de la extravagancia, de la extremación de los actos sociales de nuestro tiempo, no es una denuncia sino una aferración persistente y cobarde. Freud explicaba el miedo a la castración mediante la duplicación de los genitales, y en consecuencia, en el lenguaje inconsciente, el desasosiego siniestro que puede producirnos un elemento duplicado no se debe a la hartura de dicho elemento sino al miedo a su ausencia, y dado que el vacío no existe para el inconsciente sino como olvido, su expresión del vacío es la duplicación. La duplicación del loco en su escenificación social cumple un doble fin: en su significante, conserva la esperanza de la locura, del rescate, de la acción purificadora inconsciente de la locura. Pero en su ejecución, se produce todo lo contrario, y se iteran (se repiten) los elementos sociales marginales o incompatibles a fin de asegurar su pervivencia. Es decir, se conserva el orden establecido, velando por lo que se despeña hacia sus límites, sin explorar jamás tales límites, sino eludiéndolos. En consecuencia, los discursos de manipulación asocian insistentemente el carácter de la locura, la rebeldía, la adolescencia y la inconsciencia con elementos perjudiciales y socialmente degradantes. El caso de la degradación de la lectura de la misma metáfora en el tarot me parece especialmente iluminador. Si uno se para a leer las fuentes superficiales y accesibles al público en general, comprobará que la del loco es una de las cartas menos deseables entre los arcanos mayores. Ha sido necesaria la introducción de nuevas corrientes de reflexión, como las orientales, para recuperar el valor positivo y edificante de este símbolo.

Resulta peligroso hallar en el loco metafórico connotaciones exclusivamente peyorativas, que sin perder el innato respeto por el loco, asesinan nuestra capacidad para el cambio, para la introspección profunda, para el rescate de nuestros impulsos más genuinos, para el desafío de las más arraigadas limitaciones; en definitiva, para el autoconocimiento y la consiguiente libertad. Todavía más peligroso, por su aspecto engañoso, es la simplificación del loco, su reducción a un artificio humorístico inocente, que lejos de encarnar el poder transformador de la locura corre hacia su opuesto y clama por la persistencia de los valores antiguos. El loco no es sólo esa persona que se tiñe el pelo de rosa para ir a la boda de sus tíos, que conduce en contradirección en la autopista, que se pone más pendientes de la cuenta, que le vacila a todos los desconocidos que encuentra en un bar, que gasta todo tipo de bromas pesadas, y un largo etcétera. El loco es una actitud de ruptura contra todo símbolo establecido, y, si es necesario, contra el propio símbolo del loco.

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6 comentarios »

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  1. Se me viene a la mente también “El Loco” de Kahlil Gibran y sus máscaras robadas.

  2. ¡No lo conozco! Gracias por el apunte

  3. El Loco viene numerada con el cero en los Arcanos Mayores de todos los tarots, aunque en realidad es la carta sin número.

    No sólo es “el joven” o la imprudencia que da la curiosidad, sino también esa cualidad que precisamente es la que nos posibilita saltar de un lugar a otro. El Loco puede ir en cualquier sitio, entre cualesquiera otros arcanos, pues es la cualidad esencial para pasar de un estado a otro (infancia a adolescencia, luego a la edad adulta, de un ciclo vital a otro).

    Sin ese “¿qué más da?” no habría nuevas y refrescantes “locuras” en nuestra vida.

    Así pues, no sólo es la inmadurez, de hecho, puede ser la sabiduría en ese sentido.

    Besos.,

  4. Hola Sara, gracias por ampliar y corregir las imperfecciones del texto 🙂

  5. Huy, qué dices! Imposible mejorar lo inmejorable. Tamubién.
    😉

  6. ^^ muchas gracias


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