Compression of time (Nobuo Uematsu): Oda a la Reina Margot en Escosura 21

16 noviembre 16UTC 2008 en 1:21 | Publicado en Delirios, Pretensiones literarias | 12 comentarios
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Como aquella noche leyendo interminables párrafos de Juan Benet pignorando la lucidez y la cordura por un vaso de whiskey barato adornado con el logotipo de Jack Daniel’s y esta canción de un videojuego que salió al mercado hace casi una década, y aun es uno de los videojuegos más modernos con los que mantengo relación; como aquella noche que descubrí que algunas botellas de alcohol tienen asa, para descubrir a la mañana siguiente que basta desfallecer unas horas sobre alguien para que reivindique que ni tiene asa ni te asirá a ti, jamás; como tantísimas noches entreverando verborreicas reverberaciones léxicas que jamás dieron lugar a nada salvo tal vez añicos de poesía después de cristalizarse sobre el sucedáneo de papel blanco con una barra azul luciendo “Documento1”, como tantas noches o tardes o mañanas buscando el amor en brazos de la persona equivocada, confundiendo el amor con el placer, confusión estúpida, no hay mayor estúpido que el que cree saber, sabiendo que mis mayores momentos de lucidez me conducen a la ignorancia, y que el ignorante es el más feliz de entre todos los habitantes de la faz de la Tierra: por tanto no es cierto que el ignorante es feliz sino que el mayor de los sabios es feliz, porque el ignorante ingenuo no es ignorante sino simplemente estúpido, y de la felicidad del necio sólo podemos decir que puede cambiarse por un botijo o un ventilador; como aquella noche que con ayuda de una moto reventé el maletero de un coche con un contenedor de basura, como aquellas noches que quise tocar el cielo con los dedos y creí besarlo embelesado por empalagosas golosinas que se deshacen en polvo o tal vez en sirope de esencia mística, golosinas de efemérides evanescentes, etéreas y efervescentes cuya única verdad palpable es que dañan, hieren, corrompen y también matan: como todo en la vida, es cierto, empezando por la propia vida; como este vaso adornado con el logotipo de Jack Daniel’s donde quedan un par de buenos sorbos de whiskey barato; más bien tres, aunque ahora siguen quedando dos, como tantas noches en que la cerveza corría en números incontables como corresponde a su subtipo léxico de sustantivo incontable, como el vino, la ginebra, el whiskey y el ron, como las bolas de futbolín que se cuelan en una portería y otra, las bolas de billar que tanto te elevan a la gloria como te hartan hasta las bolas; como nunca en la vida porque cada momento es único; como aquellas noches en que sentía desplegar mis alas y volar; como las innumerables noches que no supe llorar: no siento pena por mí mismo y recuerdo cuando me estrellé de pronto sin saber cómo ni por qué, por el sencillo motivo de que no lo hay; como las excesivas mañanas en que las excreciones sudoríparas de mis poros expulsaron excedentes de alcohol en mi cuerpo y el olfato de madre lo reconocía y me decía: “te pasaste bebiendo anoche”; veremos a qué huele esto mañana; como aquel dulce y tierno animal que apareció tieso y con los ojos cerrados en una esquina de su jaula y se llevó todo el amor suyo y mío, y ya no siento culpa; como aquellas charlas bajo una luz tenue pero suficiente y la guerra civil y una mujer leyendo el diario a sus vecinas y un niño apenas en un coche distrayendo a los bombarderos y jugándose el cuello por arreglar un palier y qué más da si ya hacía años el niño se había desgastado los tendones de la mano para fabricar piezas con chatarra y mantener a sus hermanos, y aquella mujer que corrió como nunca se hubo esperado para no darse de bruces cayendo por una rampa de tierra; como aquella mujer cuyo corazón latía tan fuerte que un solo latido bastó para impactarme; como aquella muchacha tan dulce como una pasta de vainilla, como sudor de fresa, como caramelo sobre una crêpe, como interminables paseos y besos como siempre y sólo debería besarse; como tantas canciones tumbado sobre la cama; como tantos acordes sentado sobre la cama; como tantas páginas tumbado sobre la cama como tan pocas sentado sobre ella; como tantas esperanzas que echaron a dormir, y hacen bien, porque sueños son; como tantas risas prendidas en la chispa de la mirada; como esas miradas de fuego encima o debajo y a metros de distancia; como tantas gotas de sudor y tantas hostias contra la lona o contra la hierba o contra la arena; tantos toques ligeros de la nariz contra el suelo sin perder la cuenta, llegaremos a cincuenta, tal vez a cien; como un rot de cerveza después de un gran plato de espaguetis con chorizo, para darme cuenta de que la cerveza llena el estómago pero es sólo gas y despierta el apetito, y comerme otro plato y después una manzana leyendo alguna novela de Julio Verne; como tantas noches demasiado enturbiado por vahos vegetales para hacer nada más que jugar a las cuatro cuerdas, hasta que de pronto las cuerdas se rinden y la música nace; como aquellas mañanas en la esquina de un sofá rodeado de trastos viejos y polvorientos esperando el momento de regresar a mi cama, aquellas mañanas en que el mundo no me esperaba y me sentaba frente a una estufita de barras hasta parir una novela; como tantas excusas ridículas para sostener una mentira no ridícula sino perversa, y es que un niño sabe mucho más que cualquier adulto, y la vida adulta es la corrupción de la verdad en el altar de un puñado de hijos de puta porque a alguien se le ha ocurrido pensar que ser hijo de puta es mejor que mendigar amor, porque a alguien se le ha ocurrido que compartir es de mendigos, leprosos y comunistas y todos queremos ser unos hijos de la gran puta, y nos encanta serlo, y cada día es el orgullo de la Gran Puta y de todos sus hijos, amén; porque rencor no sobra sino que falta; como una novela sin rencor sino como anestesia, tan hermosa y bienintencionada como estéril y huera: no está hecho el rencor para los débiles sino la anestesia, hoy en día el artista es más enfermero que devoto, siempre lo fue, qué carajo; como aquella mañana en la estación de tren con el punk para curar la resaca, “barman, sírveme un carajillo”; como siempre las mismas caras, las mismas calles y los mismos andenes de tren no pueden sino producir las mismas reacciones y las mismas rutinas y no es uno sino el tiempo quien las modifica; como una ciudad donde lo primero que aciertas a conocer es a ti mismo; como una tarde sintiendo el sol por la ventana, cayendo de sueño y leyendo por primera vez líneas de la más excelsa literatura que habré leído en mi miserable existencia, exudando el éxodo de mis actos execrables en pos de un eximio autor; como las espirales cambiantes de color y forma del Reproductor de Windows Media iluminando las iluminaciones de un chaval nacido donde el Cierzo arrecia, pregonando fe en la fonética, hedonismo y sartas prodigiosas de palabras o versos o rimas o como quieras llamarlo porque el nombre es lo de menos cuando asoma el sentido común, así llamado a pesar de escasear tanto; como aquella chica que cuando más deseé más daño le hice por querer evitar daños mayores y cómo el destino cambia con un giro de llave tan inocente como un esperado, pero el destino tiene demasiado carácter como para  que nadie sepa si un giro de llave es un cambio de sentido o más bien un atajo; como tantas otras veces el dolor es tanto más agudo cuando empieza a desaparecer; como aquella casa donde se mezclaron tantos momentos tan importantes como dispares entre sí; como aquel gato en un bar en la Rambla y aquel hombre que supo que es inevitable ser público y que todo el mundo te quiera acariciar para acariciar su espíritu y tú terminas manoseado hasta el dolor; como los ojos de una muchacha cuando encuentran; como un cigarro en la ventana pensando, un adiós, como una flor, una botella en el mar, como un alma en los dientes, unos ojos entrecerrados, como un orgasmo, una muerte, como mil páginas, una palabra, como un poema, una sandez, como un beso, una hostia, como un juego, el recodo crucial de tu destino, como una carta, una apuesta, una mano, un ganador, como un amigo, una conversación, como muchos amigos, un papel, como un libelo, una carta de amor, como el amor, un hombre que cava y otro sosteniendo una pistola, como una nana, una escalera de roca al cielo, como un par de témpanos, una erupción volcánica, como una impaciencia insoportable, un sosiego paradisíaco, como un pacto con el diablo, convertirse en ángel, como un cruce de caminos, un diablo, un joven ambicioso, un secreto, un misterio, una leyenda, una verdad: Dios aprieta, pero no ahoga (los ahogados perdieron todos la voz), como dos caminos en los que a la larga siempre puedes cambiar el uno por el otro, uno es todo y todo es uno, como un orgasmo, dos orgasmos, o tres, como un cigarro, la paz, como una capital, un capital basado en el expolio, la explotación e incluso la extorsión, como un reloj parado, como un ejercicio libre, como una mente detenida, unas palabras liberadas, como un corazón detenido, una maldición liberada, como tres vasos de whiskey, cuatro vasos de whiskey, como una noche leyendo interminables párrafos, un párrafo interminable, pignorado por un bar repleto de mujeres hermosas que si se ponen a bailar harán bailar al bar entero, como una sencillez que solo puede relajar, como un baño de burbujas, una brisa tropical, un puro habano, un ron dulce, un vaso de leche caliente, un lecho caliente, un cuerpo caliente, una noche caliente, ardor, escozor, fresa, cacahuete y caramelo, como un como que tiene sentido sin tenerlo, como un chisme, un rumor, una leyenda, cómo un mapa sin escala se acoge a lo que sea, como un malabarista, como tú y como yo, como un río que ya no es el mismo, como otra página que se deja atrás, como una corriente que es igual para todos, como nosotros y ellos, como vosotros y ellos, como tú y como yo, como él y como nosotros, como nadie y nada, como ninguna, como siempre, como nunca, como un yogur, como unos espaguetis con atún, como un pollo con arroz: me lo como todo, como una pausa para mear (…) como un no recuerdo, un no sé qué, como un sí sé qué, qué de qué, como un estilo libre, cien metros mariposa, un pinar, una cazadora sobre el césped, una siesta, un cigarro: Dionisio llama a mi puerta: o le abro o me descuartizarán sus secuaces como cuáqueros enfurecidos cual quimera furibunda cual flamígero encendedor, la del Diablo es la única voz que se oye en el desierto donde hasta el rumor del viento olvidó mis oídos y yo mismo los olvidaría de no ser por esa voz meliflua y melindrosa que merodea murmullando arrullos a mi mustio rumiar meditaciones; sorprendentemente la voz del Diablo y de Dios fluyen de una única garganta: sí, llamadme villano, blasfemo y hereje, pero que quien no ha oído a ambos calle para siempre, cuanto menos he sabido cubrirme de la voz del Diablo como Ulises de la de las Sirenas y abro la ventana a Dionisio antes de explotar dejando tras de mí un cactus y la nube de una seta (…) Amor vertido sobre papel inexistente.

Febo y la de ojos de lechuza: nos vemos mañana. Zeus, mantente alejado de mí como yo procuro hacerlo de ti. Prometeo y Sísifo: ya queda menos. Cassandra, estamos en camino.

Te quiero [os quiero], me quiero: el resto de personas del presente, no está en nuestra mano; el futuro, pasto de los gusanos; el pasado, recogido en este puñado de palabras (y palabros); el tiempo, comprimido en canciones. Cuelgo esto, porque estoy colgado…

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12 comentarios »

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  1. Hola soy amiga de Nico, me ha pasado tu link para que lo lea y sinceramente es impresionante, no tengo suficientes palabras para describir todos los sentimientos que han aflorado en mi al leer esto.
    Es bueno, muy bueno.
    Me he enamorado de tu texto

  2. Muchas gracias, me hace muy feliz leerte, nunca pensé en nada más que en purgar mierda al escribirlo y si además de eso puede comunicar cosas a otras personas y hacer sentir como sentía yo la necesidad de soltarlo, tanto mejor

  3. “porque a alguien se le ha ocurrido pensar que ser hijo de puta es mejor que mendigar amor”

    Creo que es la mejor frase que he oído en mucho tiempo, de hecho diría que pese a todo lo que dices en el texto es la que lo resume entero.

    Me ha encantado, es genial. Me encanta ese sabor agridulce que te deja.. Es cómo si la Nada y el Vacío le hubieran ganado un cuerpo a cuerpo al Miedo; ese miedo a soltar los rinocerontes alados que te corren por el estómago.
    Alegra ver que siempre hay quienes viven con esa Guerra Mundial en las tripas igual que uno mismo.

    Felicidades.

  4. Hola Marina, gracias por comentarlo, me alegro mucho de que te haya gustado y la solidaridad que muestras:
    “Es cómo si la Nada y el Vacío le hubieran ganado un cuerpo a cuerpo al Miedo; ese miedo a soltar los rinocerontes alados que te corren por el estómago” Eso es, y la guerra sólo termina con la muerte de uno de los bandos (o la de ambos…)

  5. Tanto máster y no sabes poner ni un solo punto y aparte. Vaya tocho.

  6. Tanta informática y no sabes contar: hay dos punto y aparte. Que aproveche.

  7. jajajajajajajaj

    __________________

    muy bueno germán!!

    ^^

  8. Gracias 🙂

  9. a lo ultimo ni he llegado, estaba buscando mis ojos, se habían pirado… Cuando tenga un rato y ganas de fustigarme me lo leeré con mucho gusto!

  10. Vale, ¡me alegro de que hayas podido recuperar los ojos! ¡Saludos!

  11. Jo, menudo volcado volcado volcado mental!! Seguro que según el momento me hubiera provocado algo distinto (no es la mejor idea del mundo beberse el resultado de la limpieza general de otro, ni la mía propia, por algo lo “echamos fuera”, pero hoy…), hoy ha sido totalmente risoterapéutico. Tengo que decir que los comentarios también 😉

    Besos!

  12. ¡Y qué mejor manera si te lo llegas a beber, que la risoterapia! Grata sorpresa 😉 Saludos Sara, que el Zen te acompañe.


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