Estructuralismo aplicado

7 noviembre 07UTC 2008 en 18:48 | Publicado en Crítica | Deja un comentario
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Sin grandes pretensiones, pero con todo rigor, quisiera exponer algunas ideas sencillas sobre la manera en que pensamos la sociedad. Para exponer estas ideas necesitaré, en primer término, explicar brevemente algunos conceptos básicos del pensamiento estructuralista que manejaré continuamente y que me parecen extremadamente útiles.

En primer lugar, un cocepto básico en el estructuralismo: rasgo diferencial. El estructuralismo, que se origina en la ciencia lingüística, explica el funcionamiento del lenguaje a partir de las diferencias mínimas entre sus distintos elementos.

Por ejemplo, gráficamente, casa es diferente de cama porque las terceras letras de sus respectivas secuencias son s y m. Si diferenciamos casa de hoy cualquier elemento es suficiente para entender que se trata de elementos distintos.

Otro ejemplo, que además nos sirve para introducir otro concepto fundamental, consiste en diferenciar, entre los artículos del castellano, sus valores gramaticales. Veamos el siguiente cuadro:

Determinado Indeterminado Masculino Femenino Singular Plural
el * * *
la * * *
los * * *
las * * *
un * * *
una * * *
unos * * *
unas * * *

Pongamos ahora que queremos añadir también los indefinidos. En ese caso añadiríamos otra categoría que distinguiera, no sólo determinados de indeterminados, sino también a los indefinidos, y así podríamos ir ampliando la lista a los posesivos, etc. y completar una tabla con todos los determinantes del castellano. Viendo esta tabla, ¿tendría sentido añadir las categorías de posesivo o indefinido en el eje horizontal? No, porque no incluimos estos elementos en la comparativa. ¿Tendría sentido añadir una diferencia de tiempo? Todavía menos, porque los determinantes no ofrecen información temporal y ésta no es relevante para diferenciarlos. Y aquí el concepto clave: relevancia. Una profesora de lingüística en la universidad nos explicó, al respecto de estas matrices, un “principio universal en letras de oro”: sólo es relevante lo que es relevante. Tautología, perogrullada, sí. Pero importantísima. Del mismo modo que es imprescindible incluir una diferencia de género en la tabla anterior, sería absurdo incluirla en una conjugación verbal. De modo que en este ejemplo, además de ver otra aplicación de los rasgos diferenciales (en este caso, género, número y determinación o no determinación), observamos la aplicación de la relevancia.

El último concepto que presento es el de marca. En todo sistema existen unas categorías “marcadas” y “no marcadas”. En lingüística la marca resuelve los conflictos de elementos en igualdad de jerarquía sintática. En términos generales, para entendernos, la categoría no marcada sería una configuración “por defecto” o, en el caso de automóviles y otros productos, “de serie”. Y toda categoría exige siempre un elemento no marcado; si la categoría consta de un solo elemento, entonces es un elemento no marcado (obviamente, porque no hay ambigüedades que resolver). Las ambigüedades se resuelven descansando en las propiedades de la categoría no marcada, de forma que siempre que se quiera añadir una propiedad marcada ésta deberá explicitarse (siempre y cuando sea relevante). Un ejemplo: pongamos que le pedimos prestado un portátil a alguien. Le decimos que nos lo preste y punto. Ahora, supongamos que estamos trabajando en un ordenador con entorno Linux o Mac y carecemos de una aplicación que compatibilice nuestro trabajo con un PC con Windows. ¿Le diremos, “préstame el portátil”, a secas? Probablemente primero preguntaremos si es Linux o Mac y a partir de ahí veremos que pasa. Es muy probable también, que si el portátil de ese amigo es Mac o trabaja en Linux y él no sabe si el nuestro es PC o no, nos avise de ello antes de dejárnoslo, cosa que no tendría por qué pasar si su portátil es PC. En conclusión, en lo que se refiere a tipo de ordenador y a sistema operativo, los elementos no marcados son PC y Windows. Si nuestro portátil es un Mac, cuando éste hecho sea relevante nos veremos empujados a explicitarlo, en tanto que si una persona desconoce que es Mac, asumirá que es PC si no le advertimos de lo contrario. Claro que esta situación puede variar enormemente según el contexto, pero creo que es suficiente para ilustrar el concepto.

Concluyo con otro ejemplo que además servirá para calentar motores para la primera “aplicación” que quisiera hacer de estos conceptos. Actualmente asistimos a un debate en torno al uso del lenguaje en relación a la tradición patriarcal. El fin y los medios son, a mi juicio, acertados. Es decir, abogar por la igualdad entre sexos, me parece una causa justa y legítima a la que deberíamos contribuir todos. Por otro lado, el lenguaje constituye la principal herramienta con que construimos la realidad en nuestra mente -de ahí que tantos intelectuales estén aberrados por el deterioro del lenguaje en nuestra cultura-. Sin embargo, el lenguaje es un mecanismo que funciona en diferentes estratos, y, como no podía ser de otra manera, la sociedad racionaliza casi exclusivamente el estrato superficial. Como ejercicio de concienciación sigue siendo excelente, pero los resultados son desastrosos y contraproducentes. Recuerdo un anuncio de un banco que empezaba diciendo algo así como: “queremos que todas las mujeres y todos los hombres”… Ante lo cual vemos, ¡qué bien, no sólo desgajan el femenino que estaba incluido en el masculino, sino que además lo ponen delante! Sin embargo, el anuncio acababa forzosamente con un eslógan, y la necesidad de este formato de emplear el lenguaje en toda su fuerza y contundencia, resultó en la siguiente frase: “Tú puedes ser campeón”. ¿Y las campeonas qué? Esta frase evidencia que el mecanismo de dedicarse a desgajar compulsivamente contrapuntos femeninos del masculino en el lenguaje no sólo es lingüísticamente ineficaz, sino que también termina por demostrar que buena voluntad y buenas maneras las tenemos todos (y todas) pero, a la hora de la verdad aquí seguimos siendo machistas (y machistos). Más contundente todavía es el ejemplo que quería traer a colación para entender mejor la cuestión de la marca como concepto relevante en la resolución de ambigüedades: Él y ella son muy simpáticos. ¿Quién dirá “son muy simpático y simpática”? La ambigüedad se resuelve en la categoría no marcada, que es el masculino. Si queremos arreglar la sociedad desde el lenguaje, o bien creamos un elemento neutro que sea no marcado, para marcar el masculino de modo que resulte equivalente al femenino, o bien mantenemos la conciencia igualitaria y con un poco de creatividad y de sensatez evitamos las patéticas chapuzas gramaticales y buscamos caminos alternativos para decir las cosas sin jerarquizar al hombre sobre la mujer. Dado que la primera opción es un poco complicada sin un consenso previo, todavía más complicado, me decanto por la segunda. Así que permitidme que respete la eficacia de una gramática sana, que yo por mi parte no pierdo la perspectiva del problema de género.

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