Sísifo pensador

29 octubre 29UTC 2008 en 14:07 | Publicado en Delirios, Pretensiones literarias | 1 comentario
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Ñeeeeec. Ñeeeeeeec. Ñec.

El indicador de gasolina apenas se levantaba del punto mínimo.

Era un coche de segunda mano, lo cual estaba bien, porque yo soy un conductor novel y es mejor empezar conduciendo un coche usado antes que maltratar un coche nuevo. Además, no tenía mucho dinero.

Tampoco tenía necesidad de comprar aquel coche. Podría haber esperado y haber encontrado algo mejor. Pero tenía unas ganas locas de empezar a conducir. Así me distraería de mis preocupaciones y le sacaría un poco de disfrute al sudor de mi frente, por poco que fuera.

Tampoco tenía ninguna necesidad de ir al bosque. Pero ya que tenía el coche, qué mejor que una buena excursión. ¿Al bosque? Sensiblerías adolescentes. Pensaba en la sensación de libertad y el abrigo de la naturaleza, al margen del trasiego de la civilización. Después, con los músculos fatigados y tensos, he recordado muchas veces las papeleras, los guardias, los controles de entrada y salida, las áreas de comida, la gente andando en rebaño de un lado para otro. Pero entonces sólo pensaba en el verde, el ocre, las ásperas cortezas, el moho, los haces de luz entre el follaje.

Supongo que podría haberme preocupado más desde que advertí que el indicador del nivel de gasolina actuaba caprichosamente. Pensaba que tenía gasolina suficiente. Pensaba, pensaba… Curiosamente, es lo único que puedo hacer ahora, salvo sentir el dolor por toda mi musculatura.

Llegado el momento no había muchas decisiones que tomar: empujar, o quedarme tirado en una carretera estrecha en plena noche. Se ha hecho de día, y he recibido ayuda en algunos tramos, me han dado de comer. Lo suficiente para ponerme en marcha el estómago, pero mejor eso que nada. Me han indicado por teléfono dónde está la gasolinera más cercana. Dos veces. La anterior estaba cerrada, todavía era de noche cuando pasé y no era 24h.

Puedo ver la próxima. Está desolada, como todo a mi alrededor. ¿Será que lleva tiempo abandonada pero todavía figura en algunas guías? Realmente ha dejado de importarme, aunque está tan cerca. Me he acostumbrado a empujar, y empujar, y creo que cuando ponga los pies en los pedales para regresar a casa me va a doler todo todavía más que ahora. El culo me va a caer como una piedra sobre el asiento. Durante largos ratos, mis pensamientos no reparan en la fatiga. Tampoco es para tanto, puestos a pensar. Pero sólo yo tengo que empujar este coche. Después de todo, es lo único que puedo hacer, además de pensar.

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