Randy

20 octubre 20UTC 2008 en 18:50 | Publicado en Pretensiones literarias | Deja un comentario
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Cassie se sube las bragas levantando el mentón para evitar que le llegue a los ojos el humo del cigarro que tiene encendido entre los labios. Si no fuera por la densidad hermética del cuarto, probablemente Randy podría distinguir el fuerte olor de su sexo.

-Joder, Cassie, no me tires el humo.

-No seas obseso. No vas a correr tres milímetros menos el día del partido porque te llegue un poco de humo.

-Pero sabes que me molesta. No es tan difícil de entender.

-Ni siquiera te lo he tirado.

No tenía por qué seguir soportando a aquella petarda. Randy se vistió en silencio. Unos cuantos polvos siempre le hacen a uno sentirse mejor, cuando te acostumbras al mal rato de después de terminar. Sabes que te sentirás más solo y vacío que nunca, pero qué coño, si igualmente te vas a sentir solo y vacío, al menos le das un poco de alegría al cuerpo. Randy cogió el llavero de Darcy, lo apretó cerrando el puño en un gesto enérgico, y se marchó.
-Adiós -dijo Cassie.

Tan pronto como Randy se retiró un paso tras hacer sonar el timbre se dio cuenta de que algo no marchaba bien. Un revuelo y un incómodo silencio precedieron al momento en que Emma abrió la puerta.

-¡Hola Randy! -dijo, mirándolo después con ojos vidriosos- ¿Cómo estás?

-Bien.

Cómo voy a estar. Bien. Estoy bien. Joder.

-Pasa, Randy, adelante.

Una vez dentro Emma lo estrechó con un brazo y le dio un afectuoso beso en la mejilla.

-¿Cómo andáis vosotras?

-¡Bien! Darcy está sacando muy buenas notas en todo.

Era de esperar. Chica lista.

-Le he traído su llavero.

Darcy trotó escaleras abajo.

-¡Hola Randy!

Se abrazaron.

-¡Darcy! -la estrujó cariñosamente.

-¡Pensaba que no me lo ibas a devolver nunca!

-Qué tonta eres, pues claro.

Randy se sentía enormemente incómodo, todas parecían tan apenadas por él, que no podía más que creerse que debía estar muy mal. Entonces apareció la madre de Eva; su presencia transmitía apoyo y comprensión, y Randy se entregó a la seguridad que le proporcionaba su porte. Era una sensación extraña, porque Randy siempre había asociado a su madre los defectos de Eva, y en consecuencia nunca le había gustado aquella mujer. Pero en aquel momento en que sentía que las dos hermanas lo iban a hacer llorar como una más, agradeció profundamente la aparición de la madre de Eva.

-¿Te apetece un té o un café?

-Vale -respondió Randy, y se metieron en la cocina.

Una vez allí la madre de Eva empezó a trajinar con la tetera y con tazas. En su madurez, aquella mujer era más guapa que Eva. Su elegancia de señora y la serenidad de sus facciones la hacían fascinante. Siempre pensó que era la más guapa de todas, aunque Darcy, con su cabello cobrizo y su toque exótico iba a ser todavía más guapa, cuando creciera. Además era encantadora. Emma, al ser la primera hija de aquella mujer tan coqueta y elegante, debió agobiarse de los rollos de niña presumida antes de que pudieran interesarle y nunca se preocupó demasiado por su aspecto.

-Te veo muy bien -comentó ella.

Randy se lo pensó un poco antes de responder.

-Sí, me voy acostumbrando -dijo.

La madre de Eva observó su respuesta como accidentalmente y vio cómo agachaba la cabeza al hablar.

-¿Te apetece una cerveza, mejor? -dijo, con un sonrisa cómplice.

-Vale.

Desde el primer momento en que la vio, la madre de Eva le pareció a Randy un gran polvo, pero nunca hasta entonces creyó que de verdad pudiera apetecerle echárselo. Ella se sentó con su taza de té.

-He hablado con Eva esta mañana -dijo.

-¿Y qué tal está?

Joder, que manía con echarle drama a todo. La mirada de la madre de Eva se tornó vidriosa, como la de Emma al recibirlo.

-¿Te lo cuento?

Randy se heló por un momento.

-No. Mejor no.

Randy dio un largo trago de cerveza.

-¿Pero está bien? -preguntó- ¿Cómo le va?

Randy se había hecho un hombretón desde que empezó a salir con su hija. Fuerte, sano y con un gran corazón. No muy listo, eso sí, pero para lista ya estaba Eva. Se compenetraban tan bien.

-Creo que deberías llamarla -dijo ella-. Te veo más entero. Si pudieras… la animarías muchísimo. Piensa que ella no tiene a ningún ser querido allí, con ella.

Randy miró la etiqueta de la cerveza, nervioso, y dio otro trago.

-Si la quieres, le harías mucho bien -continuó la madre de Eva.

Si la quieres. Aun en la distancia, aun después del abandono, hay que seguir demostrando cosas. Esta mujer no cambia, tarde o temprano tenía que soltar alguna. Y así ha salido su hija.

Randy dio otro trago.

-Gracias por la cerveza -dijo-. Vine a devolverle el llavero a Darcy. Me alegro de que le vaya tan bien en la escuela. Será mejor que me marche.

-Como quieras -dijo ella. Su tranquilidad había desaparecido. Tan sólo quedaba un tono neutro, una descarga de responsabilidad sobre las espaldas de él.

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