El Diván de Don Germán

14 octubre 14UTC 2008 en 16:44 | Publicado en Delirios | Deja un comentario
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Tengo miedo de vivir porque el suelo ya se me quebró bajo los pies una vez, y temo que eso vuelva a repetirse. Y mientras tanto economizo vivencias, las dosifico, las temo, las contemplo, las atesoro, las magnifico.

Pero sé que no se puede vivir así. Creo que he hablado de eso en el post anterior.

También tengo miedo de no-escribir. He invertido toda mi singladura vital en ello, unos diecisiete de venticuatro años en ello y tengo la sensación de estar arrojando todo eso por la borda. Pero una vida no se arroja por la borda por vivir el momento. Se arroja por no vivirlo. Si ahora la no-escritura es mi opción más sensata, debo admitirla. Debo vivir con corazón, pero también con cabeza. Creo que he hablado de eso en el post anterior.

Con el peso de lo que siento a espaldas debo seguir viviendo. No puedo recogerme otra vez si todavía no sé si peso tanto como para romper la red que hay bajo este hilo de funambulista. Debo seguir expandiéndome. No soy un culturista, pero he estado bajo la barra suficientes veces como para saber que el dolor es la única manera de crecer. También es así emocionalmente. Si el dolor es lo que me corresponde vivir, que sea así. Éste es mi momento, el momento del dolor.

“La vida es lo que pasa mientras hacemos otros planes”, decía John Lennon. El suelo podría quebrarse otra vez bajo mis pies. Es una posibilidad. Pero qué coño, existe ese suelo ahora. He confundido no tener los pies con él con que no existiera ese suelo.

Dicen que la felicidad existe. Creo que es cierto.

Yo soy el que vive ahora. No quiero recogerme, quiero asumir mi parte en el mundo. ¿Es mejor pasar la crisis de los venticinco años que esperar a los cuarenta? A la larga, siempre hay tiempo para cambiar de camino.

Peregrinar, ¿hacia dónde? El hogar es un camino, pero no es necesariamente geográfico. Peregrinar aquí.

¿Qué sucede con el mundo? ¿Quién espera algo de mí? A esas personas, se lo debo todo. Quiero dárselo todo. Me atemoriza que sea poco. Es lo que más me atemoriza de todo. Debo aceptar que en realidad no depende de mí. Así de jodida es la vida. No importa lo que yo sea. Importa lo que el tiempo haga conmigo.

Aquí estoy, Cronos. Vomítame. Te haré la guerra junto a mis hermanos.

¿Un año, o una vida? Una vida: un segundo.

No se puede vivir sin sentir ni sin pensar. Creo que he hablado de eso en el post anterior. Y pienso que tengo que trabajar.

Trabajar.

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