Ejercicio de estilo 3.1, parte 2

7 agosto 07UTC 2008 en 13:09 | Publicado en Delirios, Pretensiones literarias | Deja un comentario
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Llegar al apartamento. Con su elegante cocina americana y sus costosos sofás comprados en Cuqui’s, comodísimos, enormes, y también sumamente fríos. Todo está en perfecto orden. Todo huele bien. La luz es perfecta. El frutero tiene cerezas, naranjas, limones, una manzana y fruta de la pasión. Es como si nadie hubiera entrado a vivir nunca. Podría hacer una visita guiada al apartamento para futuros compradores. Está nuevísimo, para entrar a vivir. Me pondría una falda larga, zapatos de medio tacón, una chaqueta, una blusa de cuello grande y escote triangular, un collar de oro y unos pendientes de oro con brillantes. Estaría súper seria y súper creíble, y enseñaría el balcón con la palma apuntando al cielo y el brazo pegado al cuerpo, coqueta y señorísima al mismo tiempo.

Parece ser que yo vivo aquí. Dejo mi bolso en el sofá, me siento y me echo las manos a la cabeza. En mi cuarto, hay un poco de vida. Tengo toda la ropa y un cuarto de baño adosado con tocador. Darcy se volvería loca con este tocador. Ojalá pudieran estar aquí y pasar unos días. Están todos demasiado ocupados. Si la llamara seguramente esperaría que todo me fuera muy bien, que qué suerte, que cómo me echan de menos, que cómo me va con Chris. Qué perfecta. Si fuera al revés, yo en su lugar le diría que qué quiere de nosotras, las provincianas, si nos ha olvidado ya o se acuerda de vez en cuando, cuando no tiene a nadie a quien pasarse por la piedra. Pero ella no, ella me desea lo mejor, y cree que todo me va perfecto, porque sólo puedo haber venido aquí para tener una vida mejor, y no le cabe en la cabeza que me sienta tan sola y hundida, que eche a todo el mundo de menos, que me acuerde de Randy. Incluso me diría que Randy me echa mucho de menos, como para mantenerme al corriente de todo lo que pasa por allí, y algún que otro chisme sin importancia, pensando que yo ya me he olvidado de Randy y que sólo sentiría el interés natural por cualquier cotilleo. Y también orgullo y confianza en mí misma, porque él no me ha olvidado ni me olvidará jamás. Yo tampoco le he olvidado. O tal vez es que me siento tan sola.

Vuelvo a llamar a Chris, pero no contesta. Es un chico muy raro, Chris, pero es irresistible. No es demasiado bueno en la cama, pero no me creería si le dijera que puede mejorar. Es imposible hacerle creer que no está haciendo algo bien. Y por eso mismo no puedo dejar de mirarlo, de lanzarme encima de él como un koala y comérmelo a besos y a mordiscos. Pero es demasiado cabrón. No creo que esté con ninguna furcia, porque me daría cuenta. Sé que se masturba, y si es que no se masturba sino que anda con otras, no creo que quisieran volver a saber nada de él. Ya tengo experiencia en cómo funcionan los hombres. Le encanta mentir y miente por gusto, porque se siente el mejor cuando miente con una sonrisa y se piensa que todos se lo creen. Y si no le creen, le da igual, porque no necesita a nadie. Podría contar algunas verdades de vez en cuando, que no le harían daño. Pero no importa. Si no madura, se va a hundir en su mierda dentro de un tiempo. Pero parece que queda tanto tiempo, que mientras tanto va a ser invencible. No se va a creer que sé que miente, y que no folla todo lo bien que debería. Pero quién hay por aquí. Maricas, feos y babosos. Babosos como Chris pero no tan sexys o babosos idiotas de los que es mejor estar bastante lejos. Y furcias o monjas, o salvajes con las uñas afiladas. No hay término medio. Excepto Jenny y Laura, que son un poco horteras, pero son un cielo. Y además me dejan a mí a los más guapos. Pero ninguno me dura más de una noche. O tal vez es que no me he olvidado de Randy.

Me encantaría llamarle, pero le rompería el corazón. Sería capaz de hacer alguna locura, como venir aquí, y tirar su vida por la borda. Y se hundiría después pensando que yo me acuerdo de él y que no podrá olvidarme nunca. Es mejor dejarlo. Que se emborrache con sus amigos. Que se folle a la puta de Cassie, seguro que se le tiró encima la misma semana que me fui, la muy guarra, con sus tetas separadas como para pasar una pelota de basket entre ellas. Me la imagino emborrachándolo, sobándolo, con una sonrisa de satisfacción en el rostro, y de puta, y llevándoselo a algún sofá o al asiento trasero de su coche para follárselo y pensar, jódete, Eva, ahora él está dentro de mí, siempre supe que lo estaría, y tú quédate con tus modelos de media neurona. Bueno, pues son para mí. Yo soy modelo, y tú una furcia de secundaria. Follándose a Randy.

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