Ejercicio de estilo 3.1, parte 3

4 agosto 04UTC 2008 en 17:01 | Publicado en Delirios, Pretensiones literarias | Deja un comentario
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Empiezo con una serie de tres textos que componen la primera fase de un ejercicio de estilo con el que pretendo ganar un poco de soltura en el manejo de personajes de ficción. El ejercicio consiste en escribir textos de aproximádamente una página en el que distintos personajes reflexionan sobre lo que les ha pasado durante el día. En el primer sector, que es el iré colgando aquí, el ejercicio consistía en tomar tres personajes encajaran con tres tipos básicos. Aprovechando una idea sobre un triángulo amoroso que me ronadaba la cabeza he tomado los siguientes tres tipos: el patito feo (Lucy, la decordadora); el “trepa” o “tiburón”, es decir, el joven triumfador sin escrúpulos (Chris, la estrella de televisión), y por último la niña mona, que siempre lo tuvo fácil por nacer en una familia con dinero y ser guapa y adolece de falta de madurez (Eva, la modelo). Empezaré por el último que escribí, el que trata sobre Lucy.

¿Qué es lo que quería Chris para decirme que estaba enamorado de mí?

He hecho muy bien en mantenerlo a ralla del modo en que lo he hecho. Empiezo a sentirme segura de mí misma, con todo lo que soy, con todas mis circunstancias. ¿Y si de verdad estuviera enamorado de mí? No, imposible… Pero al mismo tiempo no resulta tan descabellado. Eso es lo que me reconforta de esta historia. Me siento tan confiada, tan relajada en mis posibilidades. “Te has vuelto loco”, le he dicho. Después le he puesto en su sitio, pausadamente, argumentando con claridad. Con las ideas claras. No sé qué podía querer. No se trata de dinero, porque trabajo barato. ¿Se estará riendo de mí?

Me invade un calor súbito. Es un reflejo condicionado, recuerdo de mi pasado. Si se quere reír de mí, que se ría. Es muy típico de él. Aunque me decepciona verme reconocida como una más. Pero… quizás no se trata de eso, quizá sea una apuesta, algo sin maldad. O tengo una llave en su vida que desconozco que tengo.

O me quiere…

Me imagino saliendo con él. Realmente es que es imposible. Simplemente en todo lo que le dije, tenía razón. No somos compatibles. Tampoco es algo tan espectacular, decir cuatro verdades con confianza. Pero él estaba nervioso. Reconocí cómo perdió el control por no ser aceptado, cómo fue incapaz de disimular su incomodidad mientras yo disfrutaba, me explayaba, explicándole, paso a paso, los motivos por los que él no podía salir conmigo. Sólo tenía que mantener el control, y decirlo. Pero, claro, eso hay que hacerlo… pensarlo es muy fácil. Yo en mi sitio, y él sin controlar la situación…

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